Tú, la sonrisa más tímida de Preciados, el atardecer que anhela el Templo de Debod un miércoles cualquiera de febrero.
Eres la vida por la que se corren mis venas, el kilómetro 0 de mis días, el noviembre más cálido.
Eres la primevera de la que se enamoraría cualquier poeta; eres el puente y yo la suicida que moriría en tus ojeras.
Eres la Plaza Mayor en pleno diciembre, el paseo más bonito del Retiro, el corazón mas transitado de Atocha, el último autobús de Plaza Elípta, el espectaculo más esperado de Gran Vía, la envidia de todos los cuadros del Prado, la azotea más cara del centro, la octava maravilla y el onceavo precipicio más alto - sin contar tus clavículas.
Eres la vida que se escapa entre mis dedos (porque les faltan los tuyos), eres la legañas de mis lunes, la película de los domingos y el sábado más esperado por los cines de Callao.
Eres ese 14 de febrero los 365 días del año, y el 31 de diciembre cada noche. Eres el sol de un 4 de abril y la tormenta de un 26 de agosto.
Eres el monumento más fotografiado de Roma y toda la poesía que se escribe en Paris.
Eres, eres... eres todo menos esos labios que echarme a la boca un martes cualquiera.
Así que ven, que no sé ser sin serte, sin hacerte, sin rimarte, sin quererte.
Ven, y hagamos que las calles de esta puta ciudad se mueran de celos una vez más...
Ojalá algún día llegues a entender que eres el desastre más bonito que arrasó mi vida, y entonces, sólo entonces, lamernos las heridas que un día nos hizo Madrid.
«Tú, mi punto débil. Tú, mi punto fuerte.»
lunes, 17 de febrero de 2014
Lo que nunca me atreví a decirte.
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