«Tú, mi punto débil. Tú, mi punto fuerte.»

viernes, 27 de septiembre de 2013

I. La asignatura de sus caricias.

Qué más me da situar el norte o el sur, si contigo perdí toda orientación.
Y tú, prometiendo ser mi brújula, y yo, siendo tu colchón en las noches de Luna llena, menguante o creciente, qué más da, si siempre la eclipsas.
Y te juro que de ser asignatura, tendría matrícula de honor en la geografía de tus lunares.
8 rojos, 25 negros y uno en el último de los dedos, prueba de que eres el invierno de mi vida - y que me perdonen todos esos poetas enamorados de la primavera, pero la mágia de tu sonrisa a microscopio los días de lluvia supera a cualquier estación.
Vérsame, bésame, rímame, lo que sea pero algo.
Porque estoy a dos recuerdos de echarte de menos y a cinco pasos de un desgastado marco con tu sonrisa, con la mía (más bien tuya).
Estoy a tres canciones de rendirme, pues me niego a seguir hablando de ti mientras eres sin serme, sin hacerme.
Que en lengua podría analizar morfosintácticamente la tuya, y me quedaría sin metáforas intentando explicar el impulso nervioso que me paraliza cada vez que me colocas el pelo tras la oreja.
Y qué sabrán todos esos poetas de amor y revolución si no conocen tu forma de hacerme ni cómo haces al amor o incluso a la guerra.
Eso sí que es revolución.
No tienen ni idea de versos tristes si no te han visto ir o no nos observaban desde algún vagón del metro de Madrid mientras nos despedíamos cada tarde.
Que las matemáticas me gustan más desde que me enseñaste a restar cuerpos y multiplicar orgasmos.
Que no hay reacción química más bonita y complicada de explicar que la de mi cuerpo tensado cuando me rozas o lo nula que se vuelve la gravedad cuando me miras y supero en torpeza al Coyote.
Y te digo que llevo media vida estudiando otros idiomas y en cuestión de minutos ya me conocía a la perfección el de tus ojos, tus manías y mi favorito, el de tus susurros.
Te he soñado tanto hasta el punto de que incluso mi almohada se ha enamorado de ti, cosa que volvería loco a cualquier filósofo.
Pero sin duda alguna, mi asignatura favorita es física, porque sabes armarme a la perfección y conoces la fuerza exacta a la que tienen que acariciarme tus dedos para que nada más importe.
Y qué más dará todo lo demás, si nunca había tenido tantas ganas de seguir estudiando(te).

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